FIN DE SEMANA EN EL MEDIOEVO

Era viernes, casi al medio día. Chateaba con mi novia, arrobado por el amor, cuando unos soberanos y decididos trancazos se dejan escuchar en la puerta del departamento. Ante tan anómalo evento decido indagar la causa de tal alboroto, si son acaso los chamacos que tienen prohibido jugar en el patio del edificio, pero bien que me acosan en busca de dibujos gratis cada vez que se acuerdan de mí; o si se trata de algún vecino con la menopausia (o andropausia en su caso) galopante, queriendo hacer de mí su paño de lágrimas o su cómplice –voluntario o no- en algún asunto argüenderil lejanamente relacionado con las cuestiones condominales.
Al abrir la puerta me topo con sendas caras angustiadas y ávidas de chisme, las de la portera del edificio y de una de las más veteranas vecinas en tal inmueble.
-¡La luz!
Dice la portera con voz entrecortada por la emoción.
- ¡La luz!
Secunda la vecina. Haciéndome sentir espectador de una zarzuela post moderna, máxime cuando al voltear a la izquierda veo a un adusto trabajador de
El rostro del hombre luce mal encarado, porta un enorme bigote aguamielero y seño despectivo y prepotente. Clavando en mis zapatos una mirada enrojecida. Me informa que la electricidad será cortada irremisiblemente y que tardarán 5 días para reinstalar, ya sea que se aclare si el asunto del corte es improcedente; se pague el supuesto adeudo que ostenta su papelito oficial, o lo que sea.
Sólo formulé un par de preguntas técnicas al respecto y le respondí con un lacónico “OK” antes de quedar desprovisto de tan necesario suministro.
Acontece tan brutal sanción, que me hace pensar que de contar con “diablitos” eso no hubiese pasado, pues al parecer a quienes roban la electricidad nadie les hace nada, lo mismo que a quienes no pagan impuestos.
Las señoras se alejan abatidas y poseídas frenéticamente por el dios del chisme. Y yo, compungido, de inmediato cierro la casa y me dirijo a comprar 3 kilos de velas.
El resto del viernes es un día de malestar, de furia e inconformidad contenidas, y de sombrías reflexiones sobre la incapacidad humana en asuntos tan elementales como pagar un recibo a tiempo; y en la absurda postura de los proveedores de servicios, que se preocupan más por cuestiones punitivas que por ofrecer opciones eficientes para que sus clientes cumplan con ellos.
El sábado, insufrible, tenso, cansado y harto, me busqué un problema con mi novia debido a la carencia de electricidad que hiciera funcionar la maravillosa máquina chateadora. La pasé peor que en un infierno dantesco.
El domingo, aprovechar la luz solar al máximo, y en la tarde evitar estar en la penumbra, pues la interpreto como una metáfora sobre la desidia humana.
Hasta fui a ver Supercan al cine…
El lunes se hacen los pagos y se soborna a los operarios para que pasen a reinstalar, y acá me tienen escribiendo ésto como un acto de contrición inmerecidamente impuesto.
Cuatro días en el medioevo, en el malestar penumbroso, en la insatisfacción, en la limitación de mis apegos, y en el daño ocasionado a terceros, y meditando sobre la condición humana.
¿Y saben?
Creo que eso del oscurantismo viene de no tener luz: de no tener iluminadas las responsabilidades ni la disciplina; de no haber claridad en la forma en que se asumen los compromisos; de no iluminar la vida con algo más que justificaciones; de no ofrecernos una luz para guiar la calidad en el proceder cotidiano. Y probablemente, de usar la mente como una lamparita de fayuca: solo para iluminar pobremente nuestros intereses inmediatos, dejando en la vil oscuridad el resto de nuestra existencia.



Elizabeth T. dijo
que buena divertida e iluminda me he dado, jejeje y sobretodo la reflexión al final para darnos cuenta de verdad que a veces vivimos en tinieblas y sólo iluminamos como bien dices lo que vienen a ser nuestros intereses inmediatos... un saludote, ahhh y felicidades por la novia!
5 Octubre 2007 | 01:35 AM