¿POR QUÉ A LOS HOMBRES NOS GUSTA VER CALZONES?

Es en verdad peculiar cómo en una playa, un balneario, o lugares donde las personas andan con traje de baño, las tangas nos resultan atractivas, pero sobre todo nos ponemos a fantasear con la chica que la porta. Muchas veces, con una timidez ridícula la miramos, como si fuera delito… aunque el acoso sexual sí lo es. Pero en cambio, en una mujer vestida, esa recóndita prenda, el calzón, se convierte en un fetiche sexual poderoso, estimulante incluso para el desarrollo del ingenio más sagaz con tal de poder, siquiera, dar un vistazo supersónico en esa dirección. Ese pudor a mostrar la libido es tragicómico, pues esperamos lo subrepticio, la mirada afortunada, el momento efímero de mirar, para deleitarnos con la vista de unos calzones bien puestos. Basta una falda corta, la cintura baja de unos pantalones que muestren un fragmento de esa tela misteriosa que cubre al deseo, para que nuestras hormonas de desboquen, y a veces, hasta nos despierten más que la imaginación. Un calzón femenino imanta la mirada. En una sociedad que reprime la sexualidad, y que tal cosa trasciende a lineamientos sociales, la mirada parece ser un agente trasgresor y proveedor de placeres momentáneos, aunque generador también de memoriosas fantasías, y por qué no, casi un elemento justiciero para aquellos reprimidos congénitos. Mirarle los calzones a una mujer, ¡caramba! ¡Qué fortuna! Pero realmente, ese placer de mirar un calzón femenino, es equiparable a deleitarse con la envoltura de un posible maravilloso regalo. Y bien se comparan los calzones con las estadísticas: nunca muestran la realidad, pero dan una idea muy aproximada de ella. Recuerdo una plática familiar, muchos tiempo ha, cuando mi sobrino apenas contaba con 5 o 6 años. El comentario (y crítica mordaz) fue por parte de mi hermana, que dijo: “no se qué ganan los hombres con verle los calzones a las mujeres”. A lo que pronto mi sobrinito contestó: “no les queremos ver los calzones, lo que queremos verles son las nalgas… ¿verdad papá?” El calzón es parte de los íconos de la sexualidad humana, parte de la magia de hacernos pensar y fantasear en lo que se oculta, el embelezo de la magia, la ilusión de ver el milagro tras la tela maravillosa que le recubre. La visión de un calzón nos regresa al pasado remoto, a la génesis de la sensualidad, a las puertas mismas que separan lo humano de lo animal, aunque no mucho, pues la reacción ante tal evento fortuito y las más de las veces afortunado, nos despierta el eco de ancestrales danzas, de lucha por el apareo con la mejor hembra: el animal se agita.


sam dijo
hola
agradece a ti
para el tuyo comentar en mi página.
el ive visitó el tuyo
el blog, su se parece a mí muy agradable y
tiene nuevas ideas allí.
agradece por compartir.
sam d
yahoo 360
4 Septiembre 2007 | 09:19 PM